domingo, 4 de septiembre de 2011

Kalki 1


Kalki
Los últimos días de Piscis
I.
El bosque había enmudecido y las tinieblas comenzaban a agruparse alrededor de las montañas.  A la distancia yacía el brillante disco solar perdiendo todo fulgor y dominio sobre los planos terrestres que iluminaba. Las estrellas brillaban con su eterno parpadear sobre las copas de los arboles. La humedad de la noche se comenzaba a sentir en este extraño lugar, cada vez más y más fría.
                Sentado, al borde de un tranquilo lago, yacía el hombre de los cielos, con su flauta sobre su regazo. Su mirada se perdía en el oscuro horizonte, con unos pensamientos reflexivos que habrían de ser el destino de muchos seres en existencia. Su meditación se había interrumpido por el sonido de unos pasos a la distancia, los mismos que nadie más hubiera  sido capaz de percibir con el silbido del viento. Atentamente se había dispuesto a escuchar y distinguir la fuente de los pasos, pero el misterio lo absorbía dado su actual ubicación. No se encontraba en una ciudad ni en un pueblo. El lugar era un remoto bosque a las faldas de los Andes. Su travesía de vida lo había llevado a ese punto, muchos kilómetros lejos de su país natal, con nada en el salvo su flauta y la túnica extraña que portaba.
                Los pasos cada vez se escuchaban más cerca de él y su respiración se aceleraba. Miles de pensamientos invadían su pensamiento. En su camino había dejado enemigos, algunos de palabras y otros muy poderosos. Aquellos que dominaban el régimen ahora impuesto sobre la raza humana eran de los más temibles por su atroz hambre de sangre y violencia. No había bastado con detonar varias bombas atómicas contra sus pueblos, ahora también habían impuesto una esclavización y un control total sobre los humanos que habían permanecido en las ciudades sobrevivientes arrebatándoles todo rastro de libertad que en ellos se pudo albergar. No podían pensar, actuar, manifestar, expresar, luchar ni hablar en contra del dominio mundial. No podían negarse cuando se les daba una orden por más vil y maliciosa que esta fuere. Su Gobierno controlaba hasta sus mentes, al grado que los sobrevivientes habían dejado de luchar y entregaron sus vidas a cambio de una gran farsa y mentira. Cuando llegó el momento de la imposición de los números de serie dentro del cuerpo de los hombres, él había huido, su lucha había parecido una derrota. Las autoridades ahora obligaban a la introducción de un microchip dentro del cuerpo de los hombres, cuando antes se habían pronunciado en contra de este método de control de población. La televisión decía muchas mentiras con respecto a lo que realmente ocurría en el mundo. La desinformación y el miedo obligaron a muchos a aceptar este método. Así fue como los habían dominado. Los que huyeron de las ciudades como él, habían sido perseguidos hasta el cansancio por el Gobierno Mundial, pero América del Sur los había recibido con los brazos abiertos. El Gobierno de Oposición gobernaba lo que aún existía en el continente;  Brasil, parte de Venezuela, la parte sur de Colombia, algún territorio de Perú, Paraguay, la mitad de Bolivia y algunos restos de Argentina. Muchas ciudades y países habían quedado sumergidos tras los efectos de las bombas atómicas y de hidrógeno detonadas en la guerra anterior. Las lluvias tóxicas no cesaban, el calentamiento en el planeta ascendió varios grados en cuestión de días, los polos se derritieron casi completamente. La destrucción había sido mortal tras los terremotos tan fuentes que vinieron tras el acomodo de las placas tectónicas después de las diversas detonaciones de bombas asesinas en el mundo. El mundo era un caos, pero con el advenimiento del tiempo y la aniquilación de más de la mitad de la población mundial, el planeta se restableció a sí mismo. Ahora los cielos eran limpios, y la naturaleza se volvía a apoderar de la faz de la tierra.
                -Ha de perdonar la espera sublime Maestro, pero después de la guerra el eje terrestre quedo modificado y los cálculos  estelares se nos dificultaron. Pero todo ha sido reajustado. Estamos listos.
                Una voz familiar le había hablado con mucha seguridad en sus palabras. Lo extraño era que él mismo no sabía a qué se refería aquel extraño con su mensaje.
                -Creo que has cometido un error, yo no soy ningún maestro.- respondió firmemente.
                -Me temo que no es así. Maestro Kalki, he venido a ayudarle a despertar. Su largo camino hasta aquí ha sido predestinado por el universo y la ayuda de seres y conciencias superiores.
                En ese momento comenzó a sentir un extraño calor dentro de su pecho. Su mente se comenzaba a dividir y muchas dudas arremetían contra su cerebro y conciencia. Todo era confuso, pero a la vez tan claro. Los indígenas de las amazonas no se habían equivocado. Mucho menos el chamán maya, ni el brujo guatemalteco, ni la tarotista de la ahora sumergida ciudad de México. Todos se lo habían dicho, pero él se había negado a creer. . . Su vida estaba predestinada a cambiar el rumbo de la humanidad.

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