II.
Kalki había nacido en la ciudad de México 2 décadas antes de la gran guerra. Había sido criado por sus padres en una muy ferviente tradición católica, siempre creyendo en Jesucristo y respetando las leyes del Señor, sin embargo, siempre se vio inmerso en cuestiones filosóficas, existenciales y hasta esotéricas. El misticismo siempre había sido su compañero, pues aún en las enseñanzas de Jesucristo descubría mensajes secretos que le hablan de sí mismo y de Dios. Sus padres lo tomaban como algo indefenso y solo curioso, sin embargo no siempre estuvieron de acuerdo con los caminos que su hijo había tomado. La música, uno de los más bellos dones que le fue otorgado, logró ser motivo de discusión entre estos. Los padres no aceptaban la idea de su hijo estudiando en el conservatorio de música. Una muy arraigada tradición en la familia ataba al joven a estudiar una carrera que no le haría feliz, y es que, hijo, tras hijo era obligado a estudiar leyes y economía.
Cada vez que sonidos eran producidos en una flauta a través del labio de Kalki, una sensación de armonía, tranquilidad y éxtasis invadía al oyente. El talento en el joven era más que audible y su amor por la música muy grande como para ser extinto fácilmente. De modo que un día sin despedirse y sin voltear atrás escapo del yugo de sus padres para no volver a saber nunca más de ellos. Tras unos años de estudio en el conservatorio de la Ciudad de México, un gran terremoto como nunca se vió, golpeó la Ciudad de México destruyendo todo a su paso. El país había quedado devastado, incomunicado y se sumía en la anarquía. Kalkí huía de los rumores de intervención de ejércitos extranjeros para controlar la situación política interna. Esto significaba un gran peligro de guerra y de la imposición de un gobierno autoritarista que podría arremeter contra los ideales liberalistas del joven Kalki. En un arranque de valor huyó de México y un largo viaje a través de las selvas y los ríos lo llevó a Brasil y a una tribu muy antigua. En este lugar le había sido revelado en un ritual en el que él había entrado en estado de trance, que su alma había sido enviada para cambiar el rumbo de la vida en ese planeta. Toda la revelación había sido demasiado fuerte, de modo que huyo de dicho pensamiento, y se negó a creer en su destino. Había rechazado su propia condición. Así huyó nuevamente a Venezuela. Al poco tiempo, la Gran Guerra estalló y en cuestión de semanas se detonaron las bombas atómicas alrededor del planeta que aniquilaron a gran parte de la población. Venezuela fue tomada por el Gobierno Mundial recién establecido y Kalki se vió obligado nuevamente a huir a la selva del Amazonas. Cuando el Gobierno Mundial perdió Venezuela contra los rebeldes y se instauro el Gobierno de Oposición Kalki se hallaba incomunicado y en un largo camino sin rumbo que lo había llevado al lago en el bosque a las faldas de la Cordillera de los Andes. Ahí había sido contactado por el líder de una vieja comunidad instaurada en el lago Titicaca. Se le había explicado que las estrellas señalaban un portal y la aparición de Kalki ese mismo día en el lago. El sería el libertador de la humanidad en la última batalla que ocurriría en el planeta. El estaba destinado a ser el líder enviado de las estrellas para derrocar al siniestro Gobierno Mundial.
-El cuerpo no es el motor, tan solo es el caparazón. Lo real es aquello que no se ve. Lo que si podemos ver tan solo es ilusión.- decía Kalki frente a algunos jóvenes a quienes ahora instruía.
-Entonces, ¿las mentes en las ciudades son controladas por mentiras que el Gobierno Mundial les ha hecho creer? – preguntaba una confusa voz.
-No solo en las ciudades. Nuestros ojos mienten y nos hacen concebir ideas falsas en nuestra mente. El ojo solo percibe un rango limitado de frecuencias, más no todas. Para eso están los demás sentidos, para tener una percepción completa. Los ojos fabrican la ilusión para la mente. Por eso necesitamos desarrollar el sexto sentido que nos permite percibir frecuencias más elevadas y conocer planos y verdades superiores. El tercer ojo no nos miente. Es aquel que ve a través de la conciencia superior del universo. Es el que ve la verdad. El que percibe lo espiritual en vez de lo material. Lo material es transformable e ilusorio. El alma es lo único real. Es el motor, no el caparazón. Y es capaz de existir aun sin el.- respondía Kalki con plena serenidad.
Dicho estás palabras se levanto de su posición Kundalini, dío unas palabras más y despidió a sus aprendices. Dando media vuelta caminó hacia el mismo hombre que le había hablado en el lago.
-Cada día se acerca más el momento, no estarán listos a tiempo todos. Me temo que algunos tendrán que quedarse con el planeta. Las armas e implantes espirituales que el Gobierno Mundial utilizó en las últimas generaciones realmente han bloqueado su capacidad de conexión con el universo y la vibración original.- dijo tristemente Kalki.
-La voluntad del universo se ha de cumplir.- finalizó el Maestro.
Alrededor de una hoguera se comenzaban a sentar los jóvenes de la comunidad mientras unas hermosas jóvenes tocaban instrumentos, danzaban y cantaban en agradecimiento a la tierra. La mirada de Kalki se perdía en una hermosa joven que tocaba el pandero de manera rítmica mientras entonaba una espiritual melodía. Ella no era alta, delgada con un cuerpo como moldeado por finos artesanos, largo cabello castaño que en ocasiones cubría su bello, y terso rostro, profundos y hermosos ojos café oscuro que hacían viajar la mente del joven.
Al terminar el ritual la chica se acerco rápidamente a Kalki y ambos fueron a un templo muy bello en donde se sentaron de frente y en posición de Kundalini. Sus mentes se conectaron y tras unos minutos el joven cayó desmayado al suelo…